Sobre la IA generativa ya se han escrito muchas cosas. Incluso desde los gigantes tecnológicos se nos amenaza agoreramente con el fin de la Humanidad en muy pocos años. Como si esa humanidad, en realidad, no la hubiéramos perdido ya después de estar asistiendo indolentes y en directo a un genocidio. Como si no dependiera de esas mismas corporaciones que ese anunciado fin del mundo no sucediera. Como si en última instancia no nos pudiéramos poner de acuerdo por una vez para bajar los plomos a nivel mundial. Suena raro, ¿no?, esto de que sean las propias empresas que están detrás de la IA las que pidan ayuda para echar el freno a la IA. ¿Como a burbuja?
Lo que nos gustan las burbujas a las personas no está escrito. Si no, de qué una bebida que se inventaron tres valencianos hacia 1880 (aunque no patentaron a tiempo, ¡ayyyy!), y que no es más que mucha agua, mucho azúcar y una pizca de la fórmula más secreta del planeta, podría haberse convertido en el brebaje que más felicidad promete (aunque lo que realmente provoca es sobrepeso, diabetes y caries); que llega a todos los rincones del mundo (antes que el agua potable o las vacunas); y que ha apuntalado la leyenda urbana de haber sido capaz de cambiarle los colores al mismísimo Papá Noel. Incluso Heddy Lamarr, la mujer más bella del mundo y probablemente una de las más inteligentes, entre sus mucho inventos, creó unas pastillas efervescentes con sabor a cola para que los soldados estadounidenses pudieran llevárselas a modo de mágica poción para luchar contra los nazis y sus aliados.

Burbujas que nos hayan explotado en la cara ha habido unas cuantas a lo largo de la historia: la de los tulipanes, la de las rutas comerciales por los mares del sur, la de la bolsa con su crack del 29, la de las las empresas punto com, la de la crisis inmobiliaria y financiera de 2008, la del fracking, la de las criptomonedas, la del alquiler… y lo que te rondaré morena.
Que lo de la IA también sea una burbuja está por ver, pero cositas… cositas hay. Querer crecer de forma infinita en un mundo finito no es posible, por mucho que algunos confundan sus deseos con sus realidades virtuales. Querer jugar a ser dioses de la economía (una ciencia, por cierto, cuyas teorías nos hemos dado los humanos a nosotros mismos y que también nosotros podemos cambiar) y pasarse por lo más moreno las leyes de la física (y de paso todos los límites planetarios) tiene todas las papeletas para explotar de nuevo y por el camino arrasarnos al resto. Mientras se dilucida si sí o si no (tiempo al tiempo), os dejo un par de enlaces que me parecen muy recomendables.
El primero es el de ARTE ES ÉTICA, un colectivo compuesto por creativos y artistas visuales al que os invito a seguir. En su web tienen compartidos un montón de artículos y de recursos que os pueden ser de utilidad. Hablan no sólo de cómo la IA generativa está alimentada y basada en un expolio de los derechos de autoría de cientos de miles de personas creativas de todo el mundo, sino también de cómo nos afecta a nivel educativo, social y ambiental.
El segundo es una entrevista de febrero de 2025 realizada por Elena de Sus a Wim Vanderbauwhede, Profesor de Informática en la Universidad de Glasgow, titulado muy retóricamente “¿Queremos quemar el planeta para producir ilustraciones baratas con IA?”
Personalmente me indigna que se utilice IA generativa para hacer carteles, en especial cuando detrás hay instituciones. Porque aparte del cuestionamiento estético (son carteles horrorosos y si os fijáis son todos «iguales», no llaman la atención, no cumplen su función y ahora mismo hay un empacho circulando por redes sociales) está el ético, por supuesto. Así que para recalcar que todos mis trabajos son 100% libres de IA, tanto en su concepción como en su ejecución, he decidido que a partir de ahora todos mis carteles llevarán este sellito. Os dejo aquí debajo el recurso que he creado y que podéis utilizar libremente. Como tengo capada mi web para evitar en lo posible descargas que alimenten a la IA, si también lo queréis utilizar, me podéis contactar y os lo envío. Por supuesto, a condición de que no lo subáis a chat gepeté 😉

Fuente tipográfica: Spartan, de Mathew Bailey, de dominio público.



